España registró 879 incidentes graves de ciberseguridad durante el primer semestre de 2026, un 45% más que en el segundo semestre de 2025. El dato procede del equipo de Cyber Threat Intelligence de NTT DATA y ha sido recogido estos días por distintos medios.
El riesgo digital ya no es únicamente un problema informático.
Hoy una empresa depende de su correo electrónico, herramientas de gestión, almacenamiento en la nube, plataformas de pago, proveedores tecnológicos…
Todo está conectado.
Y eso significa que un incidente que comienza en un tercero puede terminar afectando directamente a nuestra actividad.
La inteligencia artificial está facilitando que determinadas técnicas de ataque sean más rápidas y sofisticadas: desde mensajes de phishing más convincentes hasta procesos automatizados de reconocimiento.
La tecnología que utilizamos para trabajar mejor también puede ser utilizada para atacar mejor.
Y eso obliga a ampliar la forma en la que entendemos la ciberseguridad.
¿Qué ocurre si mañana no puedes trabajar?
Esta es, probablemente, la pregunta más importante.
Porque un ciberincidente no implica únicamente perder información.
Puede afectar a la continuidad de la actividad, los clientes, los proveedores, los datos y la capacidad de seguir trabajando con normalidad.
Quizá la pregunta ya no debería ser:
¿Estamos protegidos frente a un ciberataque?
Sino:
¿Hasta qué punto depende hoy nuestra empresa de que todo lo digital funcione correctamente?
Porque cuanto más digital es una empresa, más difícil resulta separar riesgo tecnológico y riesgo empresarial.
Y ese es, probablemente, uno de los grandes retos que tenemos por delante: entender que proteger una empresa ya no consiste únicamente en proteger sus sistemas.
También significa entender de qué depende para poder seguir funcionando.